Diseñadora de profesión, Macarena Stockebrand descubrió la cerámica como una forma de desconectarse del ritmo acelerado del día a día mientras trabaja como brand manager en una gran empresa de retail. “Desde la primera clase sentí que había encontrado un lugar al que pertenecía: la mezcla entre técnica, paciencia y conexión me mostró que ese era mi camino. Me enamoró el proceso lento y meditativo, la transformación del barro en un objeto lleno de intención y belleza; una verdadera alquimia, una metamorfosis”, cuenta.
Hoy sus piezas están inspiradas en la naturaleza, en los tonos naturales y las texturas y dice que le atrae lo cálido, lo orgánico, lo imperfecto y lo honesto. Para lograr expresar esto, trabaja principalmente con cerámica gres. “Me inspiran los gestos simples, sutiles y con sentido. La repetición de patrones que luego se unen para formar un todo, las curvas y movimientos que dan vida a la pieza, son para mí parte de esa metamorfosis o alquimia que vive la cerámica: desde la tierra hasta convertirse en obra”, reflexiona.
Además de desarrollar su propia obra, Macarena hace clases de cerámica para adultos, centradas en un “aprendizaje cercano, humano y consciente”. Uno de los objetivos de Macarena en este espacio, además de enseñar la técnica y potenciar la exploración personal, es mostrar que la cerámica ofrece una posibilidad real de conexión con lo interno. “Creo profundamente en la cerámica como una práctica terapéutica y transformadora. Me importa que mis alumnos disfruten el proceso, encuentren su propio lenguaje y sientan el taller como un espacio de autocuidado, descubrimiento y presencia”, explica.












