
Por. Valentina de Aguirre

Hijo de una escultora y de un arquitecto, el finlandés Eero Saarinen creció literalmente rodeado de diseño. No es raro, entonces, que su camino haya estado siempre ligado a este mundo: a los 12 años ganó su primer concurso de diseño, cuando ni siquiera había pasado por París, donde más tarde estudió escultura, ni por Yale, donde se formó como arquitecto.


Probablemente uno de los diseños más icónicos que lleva su firma es la silla Tulip, parte de la colección Pedestal. Diseñada en 1957 para Knoll, no fue una ocurrencia rápida, sino el resultado de cinco años de trabajo. Saarinen estaba obsesionado con algo muy concreto: eliminar el caos visual que producen las patas de mesas y sillas en los espacios. Lo describía sin demasiada épica, pero con claridad: “El soporte de sillas y mesas en un interior típico crea un mundo feo, confuso e inquietante. Quería limpiar ese tugurio de patas. Quería que la silla volviera a ser una sola cosa”.


Así nació la Tulip. Un diseño casi futurista, con una silueta continua que no se interrumpe y una base central que lo sostiene todo. Escultórica, pero también completamente funcional. Un equilibrio poco frecuente, donde la mirada de Saarinen se cruza con formas orgánicas que remiten, inevitablemente, a la naturaleza.
Tal vez por eso la silla Tulip sigue funcionando hoy, casi 70 años después de su creación. No solo resuelve bien el problema al que apuntaba Saarinen cuando la creó, también conversa con todos los estilos de decoración. Puede vivir en una nave futurista como las de la serie Star Trek de fines de los 60 –donde aparece una silla sospechosamente parecida a la Tulip–, pero también en una casa redecorada este año. Puede convivir con muebles antiguos o con piezas más contemporáneas, siempre aportando un toque único. Eso es lo que la ha convertido en un ícono y lo que ha dejado en evidencia la genialidad del arquitecto.






Aunque su nombre suele aparecer ligado a piezas como la Tulip, lo cierto es que Saarinen fue también una figura clave en la arquitectura moderna. Sus edificios, reconocibles por sus líneas curvas y cierta vocación escultórica, parecen seguir la misma lógica que sus muebles: más que diseñar objetos o espacios, buscaba dar con una forma precisa, casi inevitable.
Pura genialidad

