El poder de la restauración

En tiempos en que suele privilegiarse la rapidez y donde lo desechable es la norma, hay un oficio que sobrevive haciendo exactamente lo contrario: la restauración.

En una época en que todo parece fácilmente reemplazable o desechable, hay un oficio que nos encanta y que va justo en contra de la inmediatez de la actualidad: el de los restauradores. Es un oficio que no siempre se ve, pero que es clave para traer a la vida nuestra historia y patrimonio. 

No se trata solo de arreglar objetos, sino de mantener vivas piezas que fueron hechas en otra época, con otros materiales, otros detalles y, sobre todo, otro ritmo. Ahí hay algo más que técnica. Hay conocimiento acumulado, transmitido muchas veces de generación en generación, con paciencia, perseverancia y mucha prueba y error. 

Pueden ser muebles, lámparas, obras de arte o pequeños objetos decorativos, pero cuando llegan a las manos correctas, lo que pasa es casi mágico. Y eso es exactamente lo que logra el restaurador Fernando Guajardo, experto en marcos antiguos, quien aprendió el oficio de niño, en el taller de sus tíos. Con los años desarrolló su propio método, siempre con un objetivo claro: intervenir lo menos posible, respetando el trabajo original.

Fernando es capaz de restaurar marcos hechos a mano hace más de 100 años en Francia o en Italia, que llegaron a nuestro país en barco en tiempos del boom del salitre, y que son verdaderas obras de arte. “Aún si están dañados o tapados con pintura, el ojo entrenado de un restaurador puede ver el potencial de una pieza incluso cuando la apariencia exterior lo esconde”, cuenta Fernando en una entrevista a La Tercera.

Con paciencia infinita, descubre capas de pintura o intervenciones que esconden el acabado original. Luego viene la reconstrucción, muchas veces a partir de moldes hechos a mano para replicar detalles perdidos, respetando la lógica original de la pieza. “Mi trabajo como restaurador es la recuperación de lo antiguo y por eso intervenimos las piezas lo menos posible, replicando los mismos procedimientos originales. Usamos materiales de la época como láminas de oro o de plata en vez de pintura. Solo reconstruimos lo que está dañado porque la idea no es alterar el trabajo original”, explica.

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