Milán, una escenografía de creatividad

No es la primera vez que la periodista Andrea Benkö visita Milán. Pero recorrer esta ciudad en plena Semana del Diseño no es lo mismo. Durante seis días, instalaciones, eventos, presentaciones y tiendas temporales convierten a Milán en el epicentro del diseño; en un escenario vivo que se vive intensamente.

Llegué a Milán hace pocos días y me encontré con una ciudad completamente transformada; ya no era la ciudad que recordaba, sino un escenario vivo. Es que la Semana del Diseño, que este año celebró su 64ª edición entre el 21 y el 26 de abril, es mucho más que una exhibición: es una experiencia total. 

Esta es una semana intensa, llena de instalaciones, aperturas, eventos, presentaciones y tiendas temporales que te obligan constantemente a priorizar dónde ir.  Durante seis días la ciudad está más viva que nunca, hay una energía constante en las calles, gente caminando, entrando y saliendo, llenando cafés, restaurantes y terrazas. Ni el visitante más experto podría recorrerla por completo.

Aquí se siente un ambiente cosmopolita; conviven diseñadores, prensa internacional, arquitectos, creativos y turistas que llegan simplemente a dejarse llevar. Esa mezcla se expresa con total soltura en la calle, donde se pueden ver vestimentas cuidadosamente pensadas y una estética urbana que parece formar parte del mismo evento, como si la ciudad entera estuviera en diálogo con el diseño. Durante estos días Milán no solo se recorre, se vive intensamente.

Entre tantas cosas, lo que más me impactó fue el Fuorisalone, un conjunto de eventos e intervenciones que toman palacios, galerías, edificios patrimoniales y espacios en desuso; aquí hasta un convento puede convertirse en un relato sensorial. Entrar a estos lugares que normalmente permanecen cerrados es realmente fascinante. 

El circuito comienza en el Distrito de Brera, que durante esta semana se convierte en el verdadero corazón del diseño. Una de las primeras instalaciones que me impactó fue la de la tienda Moncler, que estaba completamente intervenida por un pulpo gigante trepando por su fachada; una irrupción lúdica en medio de la elegancia histórica del barrio.

Con mi pasaporte digital en el celular, fui atravesando puertas que descubrían universos completamente distintos. En un mismo día podía pasar de un Palazzo intervenido por Louis Vuitton –donde presentó su colección Objets Nomades– a una instalación inmersiva de H&M Home en el Palazzo Acerbi, a cargo de la interiorista y a estas alturas rockstar Kelly Wearstler, sinónimo del lujo moderno en Estados Unidos. 

En ese mismo circuito llegué a la instalación de Gucci en un convento antiguo. Entre los pasillos y galerías de un claustro silencioso, la marca construyó un recorrido por la memoria reciente de su universo creativo a través de tapices contemporáneos y una puesta en escena profundamente atmosférica. Me impactó especialmente el jardín de flores en el patio central y el contraste entre la arquitectura histórica y su narrativa de diseño actual. 

Otros highlights de este recorrido: la casa Dior, que trabajó el concepto de la luz en la alta costura; la tienda de la revista Cabana, con textiles y objetos de mesa que mezclaban lo artesanal con una sensibilidad contemporánea; el Club literario de Miu Miu; la biblioteca de Jill Sander y el Nilufar Gallery.

Una de las experiencias más conceptuales fue Origin, la instalación de Audi: una pieza arquitectónica hecha junto a la oficina de la arquitecta Zaha Hadid, que con sus curvas fluidas parecía desafiar la gravedad. 

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