
Por. Valentina de Aguirre

Hace algunos años, pedir un Negroni era casi una declaración de principios. Hoy, en cambio, no es raro que alguien te lo prepare en su casa.
Porque si algo ha cambiado en el último tiempo es nuestra relación con los cócteles. Ya no son patrimonio exclusivo de los bares, hoy el ritual migró a las casas, a las comidas entre amigos, a las terrazas y a esas sobremesas que empiezan con café y terminan tres horas después.
Los clásicos siguen firmes y algunos han tenido un revival inesperado. Entre esos últimos está el Espresso Martini, un trago que nació en Londres a mediados de los 80 y que se ha transformado en el rey indiscutido de la sobremesa. Puede ser porque hoy más que nunca el café de especialidad ha ido ganando terreno o porque la presentación en la clásica copa de Martini con unos granos de café es súper instagrameable, pero lo innegable es que hoy está en todas partes.


Otro clásico que ha vuelto con fuerza es el Negroni: ideal para los que quieren algo más amargo, es donde se lucen los vermut artesanales que cada vez se fabrican más en Chile. Los Gin Tonics se multiplican, con apuestas súper interesantes, como el nuevo gin inspirado en el océano Pacífico (¡con ostras y piures como base!) que lanzó Teresa Undurraga, de Quintal. Y, por supuesto, los Spritz, Margaritas y Mojitos siguen apareciendo apenas sale un rayo de sol.






Pero quizás la tendencia más interesante va en sentido casi contrario: los mocktails.
Lejos quedaron los días en que la única alternativa sin alcohol era una bebida o una limonada medio aguada. Hoy existen cada vez más destilados sin alcohol, aperitivos botánicos y propuestas que nacen de la búsqueda de sabores complejos e interesantes, no desde la restricción. Aquí el objetivo no es necesariamente imitar un cóctel tradicional, sino crear algo completamente nuevo.
Y para quienes quieran empezar a experimentar, no es necesario invertir en ingredientes imposibles de encontrar ni memorizar recetas de veinte pasos. A veces basta una buena kombucha de jengibre, jugo de limón y hojas de menta para lograr una mezcla fresca, compleja y mucho más interesante que una simple bebida. Otra combinación fácil y que sorprende: kombucha más jugo de piña fresca y una ramita de romero.



Y ya que estamos hablando de experiencias: los detalles importan, mucho más de lo que quisiéramos admitir. El hielo influye en cuánto se diluye el cóctel, cuánto dura frío y, por supuesto, cómo se ve en la foto. Lo mismo pasa con los vasos, las rodajas de cítricos deshidratados, las ramitas de romero, hierbabuena o salvia, y todo ese universo de detalles que hoy forma parte de cualquier sobremesa bien pensada.


Al final no se trata tanto de lograr la receta perfecta, sino de tener una buena excusa para alargar la sobremesa y la conversa. Porque entre un Negroni, un mocktail o un Espresso Martini, lo que realmente está de moda es quedarse un rato más.

