Tsundoku o el arte de vivir rodeado de libros

Más que objetos decorativos, los libros transforman las casas en lugares vividos, personales y llenos de mundos e historias posibles.

¿Hay algo más entretenido que entrar en una casa llena de libros? Ese placer de recorrer los lomos con la vista, mirar las portadas de los hallazgos, leer las contraportadas, tratar de adivinar un poco de la personalidad de quien ocupa ese lugar con los libros como guías. Y siempre, siempre, una casa con libros se va a sentir más acogedora.

Y no hablamos de un par de libreros, sino de esos espacios donde los libros se apoyan en mesas de centro (y debajo de las mesas de centro también, por supuesto), en veladores, en la cocina y apilados en el suelo. Libros abiertos, subrayados, heredados, comprados por impulso o simplemente elegidos porque hace feliz verlos ahí.

En Japón existe una palabra para ese hábito tan universal de comprar libros que aún no leemos: tsundoku. El término describe la costumbre de acumular libros con la intención —real o imaginaria— de leerlos algún día y proviene de dos términos del habla popular japonesa: tsunde-oku, que es amontonar cosas para después usarlas y luego abandonarlas y dokusho, que es leer libros.

Pero quizás el tsundoku no sea un problema, sino una forma de optimismo. Una manera de rodearnos de ideas, de historias y, sobre todo, de inspiración.

El escritor y coleccionista A. Edward Newton, que llegó a tener una biblioteca con más de 10.000 títulos, lo dijo mejor: “Incluso cuando leer es imposible, la sola presencia de los libros adquiridos produce tal éxtasis que comprar más libros de los que uno puede leer no es más que el alma extendiéndose hacia el infinito… Apreciamos los libros incluso sin haberlos leído; su mera presencia transmite consuelo y su cercanía, tranquilidad.”

Si hay algo innegable es que los libros construyen atmósferas. Vuelven un espacio más vivido, más personal. Desde las novelas y ensayos, hasta los libros de arte, arquitectura, diseño, fotografía, moda o autos que muchas veces compramos para hojear sin apuro, volver a mirar o simplemente dejar a la vista sobre una mesa, en un rincón del living o junto a la cama. 

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