La quinta pared o cómo mirar los cielos con otros ojos

Pintados de color, cubiertos de flores, rayas o nubes, los cielos han ido recuperando el protagonismo que alguna vez tuvieron. Hoy, en decoración, la invitación es a volver a mirar hacia arriba.

Cuando llegamos a una casa nueva, es común pensar en ella como un lienzo en blanco. De a poco elegimos el color de los muros, los muebles, las lámparas, las cortinas y los  detalles más mínimos. El cielo, en cambio, suele quedar blanco casi por defecto, como si su misión fuera pasar inadvertido.

Pero eso no siempre fue así. Basta levantar la vista en un palacio francés, en una iglesia sureña o en una casa antigua para encontrarse con frescos, estrellas, escenas mitológicas y molduras pintadas de colores. El cielo era un lugar para la fantasía y, muchas veces, la parte más espectacular de un espacio. 

Afortunadamente, en un mundo que cada vez se tiñe más de gris, esa idea está volviendo a los interiores. Los cielos, también conocidos como la quinta pared, empiezan a recuperar el protagonismo que alguna vez tuvieron. Hoy se pintan, se empapelan y se decoran, transformando por completo espacios que parecían terminados.

La forma más sencilla de hacerlo es cambiar el blanco por otro color. Puede ser uno apenas más intenso que el de los muros o un tono inesperado que aparezca al levantar la mirada. Una opción un poco más arriesgada, pero que solo requiere pintura, es pintar absolutamente toda la pieza del mismo color. Muros, cielo, molduras y puertas teñidos por el mismo color; ahí, todo está en el color elegido. También se puede hacer otro juego: mantener los muros claros y reservar un azul profundo, un amarillo mantequilla, un rosado o un burdeo para el cielo.

El papel mural abre todavía más posibilidades. Flores, ramas, pájaros, rayas y dibujos geométricos pueden instalarse solo en el cielo, para sorprender, o continuar por los muros hasta envolver todo el espacio. Uno de los ejemplos más bonitos es Nuvolette, el conocido diseño de Fornasetti para Cole & Son, que reproduce un cielo lleno de nubes en movimiento. Puesto sobre una cama, hace sentir que uno duerme bajo una tormenta.

Hoy, opciones hay miles: los papeles murales con diseños botánicos crean jardines en cualquier lugar; las rayas dan ritmo y se pueden combinar con otros estampados y patrones fácilmente, y los motivos más pequeños y sutiles pueden ser una buena aproximación a este look cuando no estamos tan seguros. En espacios de proporciones difíciles, cubrir muros y cielo con el mismo papel puede incluso borrar sus límites y hacer que el espacio se sienta más amplio.

Y si lo que queremos es realmente volver al pasado, también están volviendo los cielos pintados a mano. Murales abstractos, estrellas, constelaciones, flores sueltas o ramas que suben desde el muro permiten crear algo pensado especialmente para ese lugar, más orgánico. Incluso las pequeñas irregularidades que puedan resultar de esos trazos le dan encanto y personalidad. ¡Es que no hay como lo hecho a mano! (Y vaya que se nota).

Como siempre, el baño de visitas y las piezas de los niños pueden ser buenos puntos de partida; ahí siempre hay más libertad para atreverse y probar. Y aunque no todos los espacios necesitan un cielo protagonista, a veces basta con un color suave, una moldura más impresionante o unas pocas estrellas pintadas para hacer la diferencia.

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